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  <title>Private works</title>
  <subtitle>Andanzas de un pequeño urbanita vividor</subtitle>
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  <updated>2007-01-27T09:10:33Z</updated>
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    <title>packer0 @ 2007-01-27T10:08:00</title>
    <published>2007-01-27T09:10:33Z</published>
    <updated>2007-01-27T09:10:33Z</updated>
    <content type="html">Durante esos momentos se quedó inmóvil, hipnotizado por su visión. Ella se dio cuenta y Luis notó cómo aprovechaba esos momentos para mirar a su vez el cuerpo del muchacho. Le dio la impresión de que le evaluaba de arriba abajo. Esperaba que al menos la nota hubiera sido buena. Por fin reaccionó.&lt;br /&gt;-Sí, hola. He salido pronto por si no encontraba la casa, pero he tenido suerte.&lt;br /&gt;Le costaba hablar. Mientras sujetaba la puerta ella movía su cuerpo balanceándose, meciendo su pelo y emitiendo unas vibraciones sexuales que le estaban erizando el pelo de la nuca, y otras cosas. Pero era la hija del jefe, y no era cuestión de meterse en líos. Además, él la odiaba, ¿no?&lt;br /&gt;-Bueno, tu padre me dijo que me indicarías dónde lo tenía que poner.&lt;br /&gt;-Sí, es para mí. Sígueme, lo quiero en mi habitación.&lt;br /&gt;Así que cogió los trastos y la siguió hacia arriba. Por las escaleras el monitor de 17 pulgadas le estaba matando, pero ver el culito semitapado por el bikini subiendo delante de él le daba fuerzas mas que de sobra. Además, tener las manos ocupadas le ayudaba en su propósito de no meterse en líos. Por fin llegaron a su habitación.&lt;br /&gt;-Perdona el desorden, pero ya te digo que acabo de llegar.&lt;br /&gt;¡Desorden, ja! Salvo por un poco de ropa encima de la cama y que debía ser la que se acababa de quitar, la habitación era como un puzzle recién terminado. No había nada fuera de su sitio.&lt;br /&gt;Le indicó una mesa que se veía recién montada y Luis se dispuso a iniciar la tarea. Dejó el monitor en el suelo y al levantarse no pudo evitar mirar a la cama y al montoncito de ropa coronado por un tanga. Ella se apresuró a disculparse y deprisa cogió la ropa y la guardó en el cesto de la ropa sucia sonrojándose por la situación y poniendo cara vergonzosa. Si antes estaba seductora, así mas. No sabía si abalanzarse sobre ella y comérsela u optar por lo más prudente.&lt;br /&gt;-No pasa nada. -dijo Luis sonriendo e intentando disimular sus ganas de tirarse sobre ella.&lt;br /&gt;Sonrió también y se sonrojó un poco más. Luis prefería apartar su vista de ella y se puso a abrir cajas y a prepararse a acabar cuanto antes.&lt;br /&gt;-Bueno, si no te hago falta me bajo a darme un baño.&lt;br /&gt;-De acuerdo, no creo que necesite nada -respondió. Prefirió guardarse para sí lo que le hubiera gustado decirle acerca de sus necesidades en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis se puso por fin a la faena intentando concentrarse en el trabajo. Era difícil porque la oía chapotear y él ahí pasando calor pinchando cables. Por fin tuvo todo conectado y le dió al botón de encendido. Parecía que Windows empezaba a arrancar, menos mal que por una vez parecía que iba a ir a la primera. Mientras se terminaba de configurar se levantó y la pudo ver a través de la ventana. Recorría la piscina de lado a lado. Ahora comprendía de dónde le venía ese estupendo cuerpo. Llevaba un rato tremendo nadando, su cuerpo se deslizaba por el agua como si de una sirena se tratara. Se quedó extasiado y sólo el sonido del Windows al arrancar le sacó de la hipnosis en la que su cuerpo se había sumido.&lt;br /&gt;-¿Por qué no me pasará esto con los clientes normales y no con la hija del jefe?</content>
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    <title>La piscina (I)</title>
    <published>2006-01-27T01:55:43Z</published>
    <updated>2006-01-27T01:55:43Z</updated>
    <content type="html">Me había tocado a mí De todos los compañeros de la oficina precisamente era a mí al que había elegido el jefe para que fuera a su casa a instalarle el ordenador nuevo. Y además precisamente cuando él se iba de vacaciones. Si al menos me hubiera dicho que fuera por la mañana, pero no, tuvo que preferir que fuera por la tarde después de currar. -En estos pensamientos estaba Luis con pocas ganas de tener que ir a casa de su jefe para un trabajito especial.&lt;br /&gt;-Mañana te pasas por allí sobre las cuatro. Mi hija te abrirá la puerta y te dirá dónde debes colocar el ordenador. Aquí tienes la dirección –me pasó un papel con la dirección de su casa en una conocida zona residencial del norte de Madrid.&lt;br /&gt;-Mi hija ya sabe que vas a ir. Procura ser puntual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encima con exigencias, y por si fuera poco tener que soportar a la niña de papá. En la oficina tuvo que aguantar el cachondeo todo el día. Incluso el gracioso de David le insinuó que podía aprovechar para el braguetazo recordándole lo buena que estaba. La había visto tan sólo un par de veces, y aunque recordaba su pelo moreno y sus ojos verdes como algo excepcionales, sólo podía recordar un comentario que hizo de él delante de su padre dejándole en ridículo y sembrando en él un odio que no tenía ningún motivo para eliminar.&lt;br /&gt;El día siguiente pasó sin pena ni gloria. Le llamaron los colegas para ir a jugar al fútbol y no pudo quedar con ellos por la dichosa instalación del ordenador del jefe. Afortunadamente, por la mañana hubo poco jaleo, salió pronto, comió deprisa y se presentó antes de tiempo en casa del jefe con la intención de acabar cuanto antes con el encarguito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamó al timbre. Esperó un rato. No se oía una mosca. Justo cuando iba a llamar de nuevo se abrió la puerta.&lt;br /&gt;-Hola, Luis. Pasa. Te esperaba mas tarde y me has pillado cambiándome que acabo de llegar de jugar al paddle.&lt;br /&gt;Sus oídos dijeron. ¡Paddle, vaya pija!, pero la visión que le llegaba a través de sus ojos hizo que en su cerebro no le importase nada. Sujetando la puerta se encontraba Analía, la hija del jefe, con sus 20 añitos tapados por un escueto bikini rosa que resaltaba el moreno de su piel y el verde de sus ojos, que le miraban con una mezcla de superioridad y curiosidad que le dejó obnubilado por momentos.</content>
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