Durante esos momentos se quedó inmóvil, hipnotizado por su visión. Ella se dio cuenta y Luis notó cómo aprovechaba esos momentos para mirar a su vez el cuerpo del muchacho. Le dio la impresión de que le evaluaba de arriba abajo. Esperaba que al menos la nota hubiera sido buena. Por fin reaccionó.
-Sí, hola. He salido pronto por si no encontraba la casa, pero he tenido suerte.
Le costaba hablar. Mientras sujetaba la puerta ella movía su cuerpo balanceándose, meciendo su pelo y emitiendo unas vibraciones sexuales que le estaban erizando el pelo de la nuca, y otras cosas. Pero era la hija del jefe, y no era cuestión de meterse en líos. Además, él la odiaba, ¿no?
-Bueno, tu padre me dijo que me indicarías dónde lo tenía que poner.
-Sí, es para mí. Sígueme, lo quiero en mi habitación.
Así que cogió los trastos y la siguió hacia arriba. Por las escaleras el monitor de 17 pulgadas le estaba matando, pero ver el culito semitapado por el bikini subiendo delante de él le daba fuerzas mas que de sobra. Además, tener las manos ocupadas le ayudaba en su propósito de no meterse en líos. Por fin llegaron a su habitación.
-Perdona el desorden, pero ya te digo que acabo de llegar.
¡Desorden, ja! Salvo por un poco de ropa encima de la cama y que debía ser la que se acababa de quitar, la habitación era como un puzzle recién terminado. No había nada fuera de su sitio.
Le indicó una mesa que se veía recién montada y Luis se dispuso a iniciar la tarea. Dejó el monitor en el suelo y al levantarse no pudo evitar mirar a la cama y al montoncito de ropa coronado por un tanga. Ella se apresuró a disculparse y deprisa cogió la ropa y la guardó en el cesto de la ropa sucia sonrojándose por la situación y poniendo cara vergonzosa. Si antes estaba seductora, así mas. No sabía si abalanzarse sobre ella y comérsela u optar por lo más prudente.
-No pasa nada. -dijo Luis sonriendo e intentando disimular sus ganas de tirarse sobre ella.
Sonrió también y se sonrojó un poco más. Luis prefería apartar su vista de ella y se puso a abrir cajas y a prepararse a acabar cuanto antes.
-Bueno, si no te hago falta me bajo a darme un baño.
-De acuerdo, no creo que necesite nada -respondió. Prefirió guardarse para sí lo que le hubiera gustado decirle acerca de sus necesidades en ese momento.
Luis se puso por fin a la faena intentando concentrarse en el trabajo. Era difícil porque la oía chapotear y él ahí pasando calor pinchando cables. Por fin tuvo todo conectado y le dió al botón de encendido. Parecía que Windows empezaba a arrancar, menos mal que por una vez parecía que iba a ir a la primera. Mientras se terminaba de configurar se levantó y la pudo ver a través de la ventana. Recorría la piscina de lado a lado. Ahora comprendía de dónde le venía ese estupendo cuerpo. Llevaba un rato tremendo nadando, su cuerpo se deslizaba por el agua como si de una sirena se tratara. Se quedó extasiado y sólo el sonido del Windows al arrancar le sacó de la hipnosis en la que su cuerpo se había sumido.
-¿Por qué no me pasará esto con los clientes normales y no con la hija del jefe?
